No os voy a engañar, siempre me ha parecido un poco extraño ese gesto de hacer ruido con las manos todos a la vez. Un poco simiesco y primitivo, aunque he de decir que es realmente reconfortante recibirlo.
Pero si hay algo que me ha puesto los pelos de punta, que me haga notar un sudor frío encima de un escenario, que me golpee la columna y me paralice, es precisamente todo lo contrario: el silencio.
No hay nada mejor que un silencio cuando estás encima de un escenario. Y hablo de silencio absoluto, sepulcral, vacío. No un ligero murmullo de conversaciones tan ajenas a tu actuación que no se dan cuenta ni de que has terminado una canción, no del tímido aplauso que te dan por cortesía cuando realmente lo que estás haciendo da pena. No no, nada de eso: silencio.
Silencio de ojos como platos pendientes de lo que haces, de gente que está maravillada con lo que está viendo y escuchando, silencio para no perderse ni una de las notas, ni uno de los movimientos. Silencio del que cuando te hablan no puedes ni quieres contestar. Ese es el silencio que me pone.
Pocas son las veces que un artista ha conseguido callarme, y aún menos son las veces que yo he sentido el silencio de la gente, y es una sensación maravillosa. Sin duda mucho mejor que cualquier otra sensación que yo haya experimentado en el escenario, para mí es imposible definirla. Además, siempre que consigues callar a todo el público, el aplauso de después es espectacular.
Pero no nos engañemos, el aplauso es fácil de conseguir, la mayoría de las veces se da casi por cortesía. De toda la vida el precio de las cosas se ha calculado en relación directamente proporcional a su escasez: más escaso, más valioso. Y sinceramente, viendo como en nuestro país (e imagino que en el resto del mundo la cosa no andará muy lejos) la gente aplaude a rabiar a personajes como Belén Esteban o Kiko Matamoros (por poner dos ejemplos muy visibles), creo que el precio del aplauso baja considerablemente.
Se aplaude a gentuza televisiva y televisada, políticos corruptos, a gente demostrando no tener el más mínimo talento, se aplauden actuaciones horribles y en definitiva, a cualquier bufón capaz de hacer o decir la tontería/gilipollez/mierda más grande jamás vista. Quizá por eso gente como Risto Mejide tenga tanta audiencia.
En fin, allá se queden ellos con sus aplausos, yo seguiré intentando generar silencios.


Los aplausos, las palmitas. Cualquier bebé antes de decir su primera palabra ya sabe hacer las palmitas... mira si son fáciles!
ResponderEliminarCreo que como todo, el aplauso tiene el valor que tú quieras darle.
Hay algo que en lo que no estoy totalmente de acuerdo. Parece que si una señora aburrida en su casa aplaude a Kiko Matamoros, o que si una beliber aplaude al niñoniña de Bieber mi aplauso carezca de valor ante cualquier otra cosa. ¿Y aquella beliber que se queda en silencio absoluto, al borde de la catarsis cuando su querido Justin le canta una tonada?
En lo que estoy de acuerdo, es que en las actuaciones, del tipo que sean, aquellas que más loquer te dejan son las que te dejan sin palabras y en un silencio absoluto. Cosa que no me implica luego querer dejarme las manos aplaudiendo. Cual monete.
P.D.1: Muy fan de Zach Galifianaski
P.D.2:La Esteban ha hecho que dejarse meter la pichica de un torero sea el negocio más rentable a nivel nacional, y querido Arnelio, yo me quito el sombrero, y le aplaudo por ello. Aunque efectivamente firmaría por su silencio. Créeme que lo haría!